Por Leyla Hales S.
“Me carga el cine chileno”. ¿Quién no ha
escuchado esta frase más de una vez? Y las razones son variadas: que dicen
muchos garabatos, que son flaites, que siempre son de lo mismo, que están
aburridos del tema político, que ya pasó de moda, que la industria está muerta.
En fin, la lista sigue.
Escuchar ahora a alguien decir esto quiere
decir esa persona o no vive en Chile o no ha visto una película chilena desde
el Chacotero Sentimental. Porque claro, “esa sí que era buena”. Una de las
cosas que puede caracterizar a los incipientes realizadores nacionales es el
riesgo que están tomando por hacer cosas originales y explorar temáticas nuevas.
Es cosa de ver lo que hizo la productora SURE
con su película “Papá o 36 mil versiones de un mismo suceso”. La idea es ésta:
uno entra a ver la cinta, pero cada vez que se proyecta uno puede ver una versión
diferente. Para ser más exactos son 36 mil versiones de una misma historia,
donde lo que cambia son los argumentos.
Según su director Leo Medel, “Es una
narración inestable. Cada vez que la narración sea vuelta a reproducir, las
escenas se recombinarán y se producirá un sentido nuevo”. No sé lo que piensan
ustedes, pero no se me ocurre algo más novedoso que esto. A años luz, de las
producciones nacionales de los
Para que hablar de Nicolás López, el niño
terrible del cine chileno. Este gordito freak, medio simpaticón y director de “Promedio
Rojo”, acaba de estrenar en España “Santos”, un film que habla del fin del
mundo, de superhéroes y que tuvo como productora nada menos que a Salma Hayek. López
ha puesto a Chile en el mapa de la industria Hollywoodense al codearse con
personajes como Quentin Tarantino o Robert Rodríguez.
Matias Bize también es un buen ejemplo de la
nueva generación de realizadores nacionales que la están rompiendo con nuevas
apuestas. Partió con “Sábado”, una película grabada totalmente en tiempo real y
cámara en mano. Siguió con “En
Decir que el cine chileno se quedó pegado en lo
mismo es una afirmación totalmente sin fundamentos. Si hay algo que caracteriza
las nuevas realizaciones nacionales es la innovación y experimentación de
nuevas formas. Todas se caracterizan por la autogestión, la juventud de sus
directores y las ganas de romper con los cánones establecidos. La industria está
más viva que nunca.
Por eso a
mi me carga la gente que dice que el cine chileno es malo. Simplemente porque
no es cierto.




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