Cine made in Chile

C.jpg Por Leyla Hales S.

 

“Me carga el cine chileno”. ¿Quién no ha escuchado esta frase más de una vez? Y las razones son variadas: que dicen muchos garabatos, que son flaites, que siempre son de lo mismo, que están aburridos del tema político, que ya pasó de moda, que la industria está muerta. En fin, la lista sigue.

Escuchar ahora a alguien decir esto quiere decir esa persona o no vive en Chile o no ha visto una película chilena desde el Chacotero Sentimental. Porque claro, “esa sí que era buena”. Una de las cosas que puede caracterizar a los incipientes realizadores nacionales es el riesgo que están tomando por hacer cosas originales y explorar temáticas nuevas.

Es cosa de ver lo que hizo la productora SURE con su película “Papá o 36 mil versiones de un mismo suceso”. La idea es ésta: uno entra a ver la cinta, pero cada vez que se proyecta uno puede ver una versión diferente. Para ser más exactos son 36 mil versiones de una misma historia, donde lo que cambia son los argumentos.

Según su director Leo Medel, “Es una narración inestable. Cada vez que la narración sea vuelta a reproducir, las escenas se recombinarán y se producirá un sentido nuevo”. No sé lo que piensan ustedes, pero no se me ocurre algo más novedoso que esto. A años luz, de las producciones nacionales de los 80’ o 90’.

Para que hablar de Nicolás López, el niño terrible del cine chileno. Este gordito freak, medio simpaticón y director de “Promedio Rojo”, acaba de estrenar en España “Santos”, un film que habla del fin del mundo, de superhéroes y que tuvo como productora nada menos que a Salma Hayek. López ha puesto a Chile en el mapa de la industria Hollywoodense al codearse con personajes como Quentin Tarantino o Robert Rodríguez.

Matias Bize también es un buen ejemplo de la nueva generación de realizadores nacionales que la están rompiendo con nuevas apuestas. Partió con “Sábado”, una película grabada totalmente en tiempo real y cámara en mano. Siguió con “En la Cama”, que ganó más de algún festival internacional y ahora podemos ver “Lo bueno de llorar”, que también llega con muy buena crítica.

Decir que el cine chileno se quedó pegado en lo mismo es una afirmación totalmente sin fundamentos. Si hay algo que caracteriza las nuevas realizaciones nacionales es la innovación y experimentación de nuevas formas. Todas se caracterizan por la autogestión, la juventud de sus directores y las ganas de romper con los cánones establecidos. La industria está más viva que nunca.

Por eso a mi me carga la gente que dice que el cine chileno es malo. Simplemente porque no es cierto.

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